jueves, 26 de abril de 2007

Ascenso a los Nevados de Longavi (3242 mts) 6-8 abril, 2007



Integrantes: Marcela Hidalgo, Ignacio Serra, Aldo Pereira, Eliécer Rojas, Paulo Aviles, Carlos Bahamondes, Gonzalo Cerda, Gola González, Maximiliano Ruiz, Francisca Rocha, Paula Salgado, Felipe González, Jacqueline Venegas, Liliana Reyes, Juan Carlos Acevedo, Carlos Soto, Wilfredo.


El inicio
Quizás, uno de los viajes más difíciles y “pesados” que hemos realizado, pero a la vez, uno de los mejores, sin duda.
Los Nevados de Longavi, una cumbre difícil de acceder, en la cual varios en su intento por llegar, se han perdido por el camino, en busca de la ruta, por pocos conocida. Esta vez, nosotros tuvimos la guía de un amigo del club de montaña Ventisquero de Linares, que conocía la ruta muy bien, y que nos llevo hasta la cumbre, “Don Max”, de quien estamos muy agradecidos por su gran ayuda, y por habernos guiado en esta gran aventura por esos hermosos lugares, aledaños a los nevados, y hasta la cumbre misma.
También estuvieron en este viaje amigos de la rama de andinismo de la Universidad de Talca, y del club de montaña Cruz del sur (Chillan).

El viaje
El viaje comenzó a eso de la 1 de la mañana, hora en que partimos desde la garita de la universidad.
Tomamos la carretera, hacia Linares, llegando a la plaza de esta ciudad, donde esperamos al resto de los integrantes que participarían en la expedición, ellos eran Paula y Felipe, de la rama de andinismo de la Universidad de Talca, y Max, Franci y Gola, del club de montañismo Ventisquero, de Linares, una vez reunido el grupo completo, continuamos el viaje, a todo esto, pocos fueron los que durmieron en el camino, por hay se oía un “ronquido”, que a veces interrumpía algún intento de sueño.
Faltando poco para llegar, y el primer escollo, ya que el bus quedo bajo para el desnivel del camino, y tuvimos que bajar, para tratar de levantar el bus, una vez echo, continuamos. Al llegar, estaba oscuro aun, así que decidimos dormir unas horas, hasta la salida del sol.
Temprano por la mañana, nos tomamos un desayuno “exprés”, para seguir, a paso rápido el largo y aventurero camino que nos esperaba, con las pesadas mochilas a nuestras espaldas, pero al ir avanzando e internándonos en la zona, podíamos apreciar lo hermoso de este lugar, una gran cantidad de vegetación y un río bordeando la mayor parte del sendero, que por momentos tentaba a darse un baño.
En un punto del camino hay que cruzar el río, ¿cómo?, con un carro colgante, que cruza de un lado a otro, de verdad, fue emocionante, era algo así como una mini-montaña rusa, pero mejor.
Una vez cruzado el río, cargamos agua, y continuamos. Ahora seguía la segunda parte del viaje, a paso rápido, y con algunos compañeros que presentaban problemas de cansancio, llegamos hasta un punto en el cual no podíamos seguir, sin autorización del cuidador del lugar, curioso resulta el hecho de que ese lugar tiene dueño, pero la montaña no y sin autorización no se puede pasar a través del, y por lo tanto, no hay montaña sin permiso para pasar. Bueno, así que fueron Max y Franci, que conocían al cuidador y conversaron con él, mientras el resto esperábamos (y rezábamos también), para que dieran el permiso y seguir, sin riesgo a ser blanco de “disparos”. Hasta que regresaron, con las buenas noticias, las oraciones fueron oídas, y continuamos, a paso rápido porque ya caía la noche y aun faltaba un buen camino, en este punto, dos compañeros prefirieron quedarse a causa del agotamiento, el resto continuamos.
Al fin cayo la noche, frontales en cabeza, y buscando el sendero, pasando a través de arbustos interminables, compañeros agotadísimos, falta de agua, algo de frío, noche muy oscura, ya que los cerros tapaban la luna, pero así y todo, nada desalentaba nuestros ánimos. Llegamos a un momento del camino que debíamos cruzar un río, no muy grande, pero a esta altura, con el cansancio y lo oscuro de la noche, resultaba ser una “travesía”, aquí quedaron tres compañeros mas, que al día siguiente cruzarían el río, así que los demás continuamos, hasta que llegamos al lugar de campamento, pero faltaba lo mejor, “el baño en el río”, que unos fuimos a dar, no recuerdo agua mas helada que esa, entrar y salir en un segundo, pero estuvo muy buena, y la visión de los cerros, con el contraste de la luna, increíble, hermoso, todo los halagos a la naturaleza, en ese momento sentimos vale la pena el sacrificio para estar aquí.
A la mañana siguiente, y con sueño aun, partimos, a eso de las 8, a la conquista de la cumbre.

La cumbre, descenso y regreso.
Avanzamos a paso rápido, para llegar lo antes posible, y regresar pronto, ya que sabíamos el camino era largo, y la noche nos podía sorprender aun en el cerro, lo que finalmente fue así.
Aun con agotamiento del día anterior, ascendimos por el cerro, el acarreo resultaba muy molesto, multiplica por dos el cansancio, parando por momentos para descansar, y beber agua, subimos, por acarreo y nieve, realmente el camino resultaba muy duro, para algunos que estábamos poco entrenados además, el verano y los “carretes” penaban.
Con mucha dificultad, agotados hasta la punta del pelo, finalmente llegamos, si, llegamos a la cumbre, en ese momento la más hermosa que hemos estado, se corona todo el esfuerzo y sacrificio, claro que para llegar faltaba algo, pasar por un filo, en el cual a cada paso se desprendían piedras, nada de simpático el asunto, pero no fue limitación, así que abrazos mil, y foto de cumbre, para luego descender, y seguir con la aventura, ya que la noche nos encontró a mitad de camino en el cerro y perdidos de la ruta, ni los GPS nos salvaron de perdernos. Ya desesperados, sé pensó por un momento descansar en algún lugar a esperar la salida del sol, pero finalmente encontramos nuevamente la ruta, hasta que llegamos al campamento a eso de las 3 de la mañana, muy cansados, pero con hambre también, así que comimos algo, con sueño, y a dormir, fue asunto de entrar al saco, cerrar los ojos, y el quedarse dormido fue automático.
Por la mañana levantamos el campamento y, por supuesto de noche, y solo pensando en “frituras varias” para comer, ya con fuerzas extrahumanas casi, llegamos al bus, de regreso a Chillan, muy cansados, pero muy felices de esta gran aventura, que no olvidaremos.


Rama de andinismo
Universidad de Concepción, campus Chillan.