
Nuestro primer 6000
Ascenso al volcán Parinacota
Integrantes: Aldo Pereira, Pablo Torres, Daniel Zamora.
Esta expedición marcó una parte importante de nuestras vidas, sin duda uno de los paisajes más bellos que hemos visto; pero no solo hablamos de un lindo lugar, sino de un mundo distinto, una verdad diferente, una cultura distante.
En la XV región de Parinacota (I región de Tarapacá) en pleno parque nacional Lauca, con 6350 m.s.n.m., el volcán Parinacota se impone ante una flora y fauna muy característica, llena de vicuñas, llamas, aves, coironales y por supuesto el famoso lago Chungará.
Nuestra universidad nos aportó gran parte de la expedición, la cual fue organizada para 10 personas, pero por diversas razones solo fuimos tres.
Llegamos a Arica después de un viaje en bus de 30 horas, muy expectantes y emocionados, esto era de esperarse, ya que el norte es una realidad diferente a la que conocemos, la cual se ve en todo sentido; Pero al continuar nuestro viaje hasta Putre, nos dimos cuenta de un entorno sin igual; tal vez fue por el hecho de lo distinto que es a lo que hemos visto. Siempre comentamos entre montañistas sobre la indiferencia que nos producen algunos paisajes, los cuales no nos sorprenden mucho como lo haría a una persona que no esta asociada a un entorno natural como lo hacemos nosotros, pero esta vez fue distinto.
Legamos a la casa parroquial de Putre, donde el párroco de la ciudad nos recibió muy alegre, y desde ese momento empezamos a absorber esa exquisita cultura que asombra, conversamos con mucha gente del sector, y gozábamos de cada intercambio de palabras.
Es necesario quedarse en Putre (3550m.s.n.m.) al menos dos días para empezar a aclimatar antes de intentar un cerro de altura en ese sector, de esta manera el cuerpo logra acostumbrarse un poco a la falta de oxígeno a la que nos exponemos.
Durante nuestra estadía en Putre nos dedicamos a recorrerlo y explorar los cerros que lo rodean para así complementar mejor nuestra aclimatación, disfrutábamos mucho del agua que se tomaba en Putre, ya que la de Arica era intomable, muy salina, y ni hablar para ducharse o lavarse los dientes, realmente muy desagradable, no así como el agua a la que estamos acostumbrados a beber acá en el sur.
Nos alistamos a emprender el intento de esta cumbre, y para esto arrendamos un furgón 4 x 4 en la localidad, con el chofer que contactamos desde Chillán, Justino, un habitante de Putre muy simpático que nos acompañaría al acercamiento y regreso del cerro.
Una vez arriba del furgón, cambiamos la mirada, ya que sabíamos sobre el desafío que resultaba intentar “nuestra primera montaña de 6000 metros”. Fue entonces cuando lo avistamos por primera vez, nuestro objetivo, el famoso y fotografiado volcán.
Con algunos problemas por la arena suelta en el trayecto logramos alcanzar el campamento base (4800 msnm), el furgón regresó y durante el día hicimos caminatas de reconocimiento para divisar la ruta antes de ponernos en marcha al día siguiente.
Ya inserto en un cerro te olvidas de todo lo demás, estás tu solo y el entorno, mentalizado y emborrachado de ansias por avanzar más, sintiéndote uno con la naturaleza.
Fue así como empezamos a sentir uno a uno el mal de altura (falta de oxígeno), el primero en sentirla con mucha intensidad fue Pablo, pero ya acostumbrados a estos síntomas ya sabes que es lo que debes o no debes hacer, y así al día siguiente emprendimos la marcha hacia el campamento alto hasta el limite de la nieve (obviamente no es el mismo cada año), el cual se situaba a 5400 msnm, fue aquí donde porteamos la mitad de nuestro equipo, para volver al campamento base, y de esta manera nos serviría de aclimatación, disminuyendo el acarreo de peso que llevábamos .
De esta manera, el tercer día en el cerro ya estábamos con todo el equipo, listos y dispuestos a atacar la cumbre, calculando la salida para las 4 de la mañana. Esto último es necesario para lograr llegar en pleno día de vuelta, en este caso nos tocaron 9 horas de ida y 6 horas de vuelta.
Aquí fue cuando vino un inconveniente, Daniel, tenía problemas estomacales con insistidas idas al baño, lo cual lo condenó a abortar la idea de lograr la cumbre, en el momento pensamos que podía ser por la puna (mal de altura), o bien el exceso de medicamentos que toma, pero luego de meses, comentando sobre el viaje salió el tema del agua de Arica, confesando que el había tomado reiteradas veces, lo cual no hicimos ninguno de nosotros dos, y tenemos la hipótesis de que ese fue su problema... asi que consejo, nunca tomen agua de lugares donde esta no tiene componentes similares a la que estas acostumbrado a beber.
Ahora fue mi turno, durante la madrugada me di cuenta que estaba muy mal de la cabeza por la altura, y al contrario, ahora Pablo estaba muy bien, por lo que tuvimos que dejar ese día de ataque y en vez de ello hicimos durante el día un nuevo reconocimiento de la ruta a tomar, afortunadamente lo contemplamos al momento de hacer el itinerario, ahora solo teníamos solo una oportunidad de lograr la gloria, y estabamos decididos a lograrlo.
La noche llegó y solo estaba en nuestra mente la idea de saborear el triunfo, fruto del esfuerzo, en la cima de todo a nuestro alrededor, fue así como embarcamos esta empresa Pablo y yo, prendimos nuestras linternas y empezamos la travesía, horas y horas a través de interminables penitentes (formaciones de nieve que sobresalen del suelo y terminan de forma aguzada) nos dificultaba mucho el avanzar por estos, y por una mala decisión mía me alejé de la ruta hacia el lado norte del cerro, siendo una ruta mas larga y con penitentes de mayor tamaño, sumado a la cuerda que porteaba por seguridad, me tomo mucho mas esfuerzo alcanzar altura, pero al menos me daba ánimos ver a mi izquierda el impetuoso Sajama, un cerro de 6500 msnm que nos acompañó durante todo el proceso de ataque. Me di cuenta de lo irresponsable que fui al arriesgarme a salir desde Chillán muy débil y estresado de las clases, ya que nos fuimos a Arica el mismo día que termine las clases, con bajo peso (siempre consideramos subir uno o dos kilos antes de una expedición grande, ya que fácilmente los pierdes en unos pocos días). Todo esto me jugó en contra al momento de necesitar todas mis fuerzas, aún así logramos conquistar la cima, Pablo en excelentes condiciones y yo, aunque cansado, emocionado con una vista que siempre desde lo alto, todo lo destaca, y te hace sentir distinto, pequeño y grande... son muchas las sensaciones que se obtienen cuando logras este objetivo... espero que algún día tu me entiendas.
Luego bajamos, llegando justo al atardecer, siendo muy ajustados nuestros tiempos. La bajada nada fácil por los penitentes me hizo reflexionar lo que es sabido por cualquier andinista, más de el 80% de los accidentes en montaña se producen en bajada.
Justino nos vino a buscar a la hora que nos prometió, nos despedimos de Putre y llegamos a Arica, donde comenzó nuestra etapa de turista, visitando Perú y en Iquique recorrimos la ciudad aprovechando las ofertas de la ZOFRI. ¿Nada mal no?.
Rama de andinismo universidad de Concepción campus Chillán.